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Infidelidad: por qué lo hacemos? ¿por qué pasar por ésa experiencia? Sabiendo que el daño se lo hace a uno mismo.

Categoría: Sociedad hace 3 años
Lidia Ciprés
Pregunta hecha hace 3 años

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Esta pregunta tiene múltiples respuestas, y obviamente que no podré responder todo con un solo texto corto, sino que lo que voy a hacer es ayudar a ponerlo en un contexto más profundo.

A continuación, te paso un extracto de uno de los artículos populares que escribí al respecto:

 

Infidelidad1

El simple uso de la palabra "infidelidad" sugiere YA un juicio de valores y victimización. Por ello, propongo que intentemos no usarlo.

Este artículo tiene contenidos profundos que pueden sorprender a primera vista. !A leer detenidamente! 
El lector está invitado a que haga preguntas, en caso de que algún concepto pudiera parecer incompleto, mal formulado, o eventualmente ambiguo. Por más provocador que sea como trabajo de introspección, siempre se busca encontrar el punto clave que ayude a comprender desde el fondo, y nunca con objetivo de ofender. Jean Niklaus

¿Qué pasa automáticamente si no la sacamos de nuestro vocabulario mental? Mira el efecto que tiene si cambias simplemente éste término, reemplazándolo con términos como "experiencia sexual" o "experiencia humana" o "búsqueda de reconocimiento de su género": "Mi pareja optó por una nueva experiencia sexual, que no aprobé." Sentís la diferencia? Se desvincula directamente de lo sentencioso, y se acerca a lo que es de verdad, por lo que permite una mejor base para entenderse y resolver.

Es que si empezamos por la sentencia, eliminamos la solución por adelantado. 

Por ejemplo, si alguien le hace sentir con claridad a su pareja que no toleraría un solo "intento" de "infidelidad" y que la relación estaría destruida en el mismo instante, está -sin darse cuenta- ya firmando el final del pacto de sinceridad, pues está diciendo en otro término: "YO (Ego) no soporto ni toleraría un segundo que alguien como tú me digas -o me hagas sentir- "menos"!. Y si no reprimes tus impulsos y me veneras como pareja, te deberás ir para siempre de mi lado y te odiaré"

Perdón por la traducción un poco cruda de lo que está pasando a nivel de la mente en el fondo, pero cualquiera que lo analice reconocerá algo de esto en medio de los impulsos que provocan los celos.

Esta postura desde los celos es radicalmente opuesta a la de la humildad: "YO no voy a tolerar que TÚ hagas que yo sienta lo mal que estoy conmigo solo(a), y te haré RESPONSABLE del malestar diciendo que es TU culpa si no estoy bien, porque TÚ me estás hiriendo." Es decir de modo posicional que "Yo" me atrevo a ponerme encima de tí, para prohibirte que te pongas sobre mi voluntad."

Vemos que el impulso de Celos está BIEN visto en la sociedad como si fuese un valor y hasta una demostración de "amor", mientras que el impulso (¡que surge de la misma naturaleza!) de "correr detrás de un potencial de experimento" sexual o de género, está condenado como una debilidad, o una demostración de "incapacidad de amor". Hay un conflicto de coherencia aquí.

Se justifica y se entiende desde el concepto de familia y proyecto en común, pero no se sostiene con coherencia desde el puro concepto de pareja.

Ninguna pareja puede sostener  con coherencia querer "retener" a una persona por el simple hecho de ser "EL", o "ELLA" ( Variante A). Pues este tipo de relación tiene que ver con que cada uno está viviendo en una forma de dependencia del otro: dependiente de su apoyo, de su admiración, de su buena onda, de sus cuidados, etc... En este sentido, el "retener" tiene un componente que compensa (una debilidad) y un componente que inhibe (hacer un viaje con amigos, sentirse libre de decidir, de comprar, etc).

Tal exigencia es ponerse en lugar de dueño, y darle al otro un lugar de objeto. No somos dueños de ninguna persona, y tampoco de sus reacciones metabólicas, pensamientos, sueños o sentimientos.

La pareja empieza a tener otro sentido, mucho más pro-activo y evolutivo, cuando llega el momento del compromiso (Variante B): el proyecto en común. El más "común" de ellos es tener hijos, es decir formar una familia. Pero hay muchos otros proyectos que se pueden pactar juntos. Algunos a largo, otros a mediano plazo. (A corto plazo también, pero como son de corto plazo, no duran: "Amigos con privilegios" o "pasar la noche juntos" sería un ejemplo, en el que el proyecto se termina muy pronto. Lo cito aquí solo para completar el panorama)

Somos co-dueños compartidos de un pacto que se genera entre dos - o eventualmente más - personas. El acto sexual es siempre "EL" acto tan especial por el hecho de estar vinculado con el mayor compromiso que es el de la vida misma, de la confianza, de la inclusión, de la contención, del cuidado compartido. Es un símbolo de un inicio de algo que no existía antes. Por ello, es importante cuidar a esta parte que induce expectativas siempre que no está claramente pactada POR ADELANTADO. (Por ejemplo, La píldora excluye la expectativa de vida de una fertilización, la charla sincera antes de una relación íntima permite despegar las dudas sobre lo que está por concebirse, ordenar las expectativas, las fantasías, y evitar las decepciones y heridas ulteriores)

De hecho, hacer un pacto (de símbolo de proyecto / de vida) con un(a) amante, y tener el mismo pacto previamente hecho con su pareja actual complica la situación (personal y social), y mucho, porque implica una disociación, una dispersión de la atención particularmente de parte del varón, y roturas de pacto con la pareja anterior, excepto si fue pactado por adelantado, por ej. que irían a considerar la posibilidad de convivir. (por ejemplo como el harem del sultán, aprovechando por lo menos las sinergias alcanzables, a pesar de todas las pruebas que se enfrentan al Ego). De verdad ¡una situación muy complicada para el Ego! y quizás sencilla vista desde el cuidado de los niños, pero mucho menos sencilla para que el sultán tenga tiempo y recursos para viajar con cada una de sus mujeres a donde ELLA sueña ir. La cuenta no cierra nunca a la perfección, y deja heridas. 

Por ello es mucho más constructivo cerrar con claridad una relación (revisión de pacto) antes de entrar en otra (nuevo pacto). 

Un gran problema surge cuando nace un embarazo, (que es un compromiso en sí desde la biología), mientras que uno de los dos futuros padres no está ni preparado ni en la onda de pactar con algún compromiso con esta persona. Esto trae muchas repercusiones en cada uno, incluso el bebé, la familia de los padres y finalmente la sociedad: a corto, mediano y largo plazo. Pues de no lograr un compromiso constructivo llegará el momento de sufrir, por ejemplo para el chico, o que los padres de la chica deban pagar por las pensiones alimenticias que nunca vienen, o de vivir conflictos, o por tener un chico en eterna rebeldía contra autoridades, que no respeta reglas, velocidades, que provoca robos o accidentes etc... Así que el largo plazo de una sociedad y hasta de la vida de otras personas se determina en el momento de pactar bien, entre los compromisos biológicos, nuestra responsabilidad social, y sin embargo mantener nuestro camino de crecimiento personal.

Para la MDS, la "infidelidad" tiene relevancia a ése nivel (B), que consiste en no romper pactos implícitos o explícitos que se refieren a la evolución pro-activa como personas, como padres, como pareja. Si una pareja necesita una separación, que no se rompa el vínculo y las prioridades como padres, si uno de los dos tiene una aventura, que no sea una razón suficiente como para destruir vínculos, sino que sea una oportunidad para repactar un vínculo, para que uno pueda crecer, y ante todo que el proyecto en común no esté lastimado, si es un proyecto que involucra a otros (un hijo, empleados, un proyecto de ayuda humanitaria, etc.)

Mientras tanto, para la MDS, el nivel (A) es un nivel en el que tenemos que aprender a ser responsables de nuestro propio destino, de trasmutar nuestras carencias, y de regresar a ser parte de la abundancia natural que caracteriza el origen de nuestro ser.

Si lo piensas bien, es en sí un proceso religioso, aunque no tenga que ver con ninguna forma de dogma. Es parte del camino espiritual que nos reconecta con la fuente.

Espero, con este corto ensayo, haber dado otra dimensión a la polémica que nunca acaba sobre el tema. (¿Por qué nunca acaba? Porque a los lectores de prensa amarilla les encanta que otros tengan el mismo impulso y sean descubiertos... es como ver el impulso de uno mismo en el otro, pero sentirse a salvo). Seamos sinceros: el impulso de sentir algo distinto, de sentirse aceptado, de vivir aventuras en general, de sentirse vivo, lo tenemos todos. Sino, estamos apagados. Luego depende mucho de si sabemos orientarlos, o si nos obsesionamos: Quien quiere "renunciar a sentir el impulso porque está en un camino eclesiástico" se pone en riesgo de desvío, quien no quiere pensar en esto, acaba pensándolo sin pausa, pero quienes saben valorar lo que tienen, lo logrado, a quienes tienen a su lado, al valor del proyecto en común, sentir- y decirlo con frecuencia, no tiene que correr en todas las esquinas oscuras de las tentaciones.

Cuanto más llenos, menos necesitados estamos.

Y cuanto más valoramos, más llenos estamos. Esto trae felicidad sin tener que querer siempre algo "más".

Aquí está la solución: tener más en claro dónde vamos poniendo y reconociendo los valores a los que nos vamos orientando y practicarlo, en vez de seguir en la cultura del (auto-)castigo, de la búsqueda "light" de valores que no terminamos de definir, o del juicio puesto encima de las soluciones practicables.

 

Resumiendo: La fidelidad se reparte entre partes genéticas (somos fieles a nuestro ADN como primer paso involuntario), partes familiares y sociales (¡Mandatos!), hormonales, (¡Si! los ciclos, la comida, el cansancio, ¡todo influye!), el trabajo (quien no trabaja, compensa, quien gana mucho o poco, quien es jefe o empleado, bien o mal tratado verá otras prioridades de lealtad), salud (El "exceso" de salud tiende a inducir excesos y riegos, y lo contrario induce necesidades diferentes), los amigos (eh si! te pueden inducir a caminos que después quizás te arrepientas, como  ir a debutar con prostitutas), y sin olvidar las fantasías y los sueños, que de un lado nos pueden sostener y hacer crecer, o al revés, nos pueden impedir de ver el valor de con quienes estamos conviviendo.

Es decir, lo que importa es aprender a cuidar valores, juntos, y  seguir apostando al diálogo.

El peor enemigo del diálogo en esta instancia son los celos. Es decir, la mezcla explosiva entre nuestras hormonas, nuestros conceptos sociales del momento, nuestros sueños que temen a ser decepcionados y nuestra baja auto-estima.

 

 

Jean Niklaus (2)
Respondido hace 3 años
Jean Niklaus (2)

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